Lo que oímos... y lo que no
Solemos hacer la distinción entre oír y escuchar, según la cual lo oímos todo pero sólo escuchamos lo que nos llama la atención. Y, en efecto, al observar la estructura delicada de la oreja humana, con sus curvas idealmente formadas para canalizar las ondas sonoras hacia el oído interno, podríamos pensar que lo oímos todo, que de alguna manera percibimos toda la riqueza sonora del mundo, aunque sólo escuchemos una pequeña parte. Sin embargo, en realidad oímos muy poco; y lo más sorprendente en nuestra facultad auditiva no es lo que oímos sino lo que dejamos de oír. Un ejercicio sencillo: en este momento, cierre los ojos durante dos minutos y escuche atentamente, uno por uno, los sonidos que lo rodean. Fácilmente descubrirá una decena de sonidos que no había oído, desde un avión en el cielo hasta su propia respiración —sonidos que han estado ahí, todo el tiempo, sin llegar a su consciencia. Lo mismo sucede con los demás sentidos: vemos, saboreamos, sentimos,...